Durante años, la ciberseguridad se ha presentado al Directorio como un problema técnico. El resultado ha sido una desconexión peligrosa: los riesgos tecnológicos no siempre se entienden en términos de impacto real sobre el negocio. Debemos considerar que si queremos que el Directorio se implique, debemos aprender a hablar su lenguaje, el del riesgo estratégico, la continuidad del negocio y la creación de valor.
El Directorio no gestiona la operación diaria, pero sí es responsable de la supervisión, la gobernanza y la sostenibilidad de la organización. Por eso, la ciberseguridad debe explicarse como un riesgo que afecta directamente a la reputación, los ingresos, el cumplimiento normativo y la resiliencia de la empresa. Traducir vulnerabilidades, amenazas y controles en escenarios comprensibles es una habilidad crítica para cualquier profesional de riesgo o seguridad.
Una de las claves está en pasar de listas técnicas a escenarios de riesgo medibles. Cuando hablamos de interrupciones del negocio, pérdida de datos, fraude o fallos en sistemas críticos, el Directorio puede priorizar, comparar y tomar decisiones informadas. Medir el ciberriesgo en términos económicos —y no solo con escalas subjetivas— permite alinear presupuestos, apetito de riesgo y decisiones de inversión con la realidad del negocio.
En este contexto, el rol del Directorio es clave para crear las condiciones adecuadas. No se espera que domine lo técnico, sino que haga las preguntas correctas, impulse una visión de largo plazo y asegure que la ciberseguridad esté alineada con la estrategia corporativa. Un Directorio comprometido promueve inversiones inteligentes, fomenta la rendición de cuentas y entiende que la resiliencia digital no es un costo, sino un habilitador fundamental de la sostenibilidad y la innovación del negocio.