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columnas de opinión

El retorno al crecimiento como decisión

El Banco Central proyecta un crecimiento de entre 2% y 3% para 2026. Sin embargo, para muchos de nosotros hay algo claro: un 3% del PIB no es un logro, sino resignación. Chile creció al 7,1% anual entre 1990 y 1998; hoy celebramos proyecciones que apenas alcanzan para cubrir los desafíos que tenemos como país. Pero no todo está perdido: soplan vientos de cambio y volver a crecer al 4% ya no parece un objetivo tan lejano.

Algunos expertos insisten en que Chile debe dejar de explotar sus recursos naturales para exportar únicamente conocimiento. Esta es una narrativa atractiva pero, a mi juicio, sesgada (debo admitir que yo mismo lo creía antes). No obstante, Nueva Zelanda duplicó su ingreso per cápita desde 1994 a la fecha especializándose aún más en lácteos y carne —no diversificándose hacia los semiconductores—, lo que permitió altos niveles de educación y calidad de vida para su población. Australia es el espejo: se mantuvo en la minería, inyectando conocimiento avanzado a sus procesos productivos, y hoy tiene un PIB per cápita de US$65.000. La evidencia es contundente: no es necesario complejizar la matriz productiva por el solo hecho de hacerlo; lo que se necesita es ejecutar con excelencia allí donde existen ventajas (comparativas y/o competitivas). De esta manera, el país logra volverse "ambidiestro": capaz de rentabilizar lo actual para invertir en educación, cultura e innovación que allanen el camino hacia las empresas basadas en conocimiento del futuro.

Un ejemplo de esto es el relato "Chile CL Innova" lanzado por ProChile, que posiciona al país como un "terreno fértil" y un "laboratorio natural" para la tecnología. El diagnóstico es correcto: contamos con 34 acuerdos comerciales que conectan 65 economías, un ecosistema digital robusto y condiciones únicas de testeo. El problema no es la narrativa, sino la ejecución. Ese relato solo es útil si se traduce en inversión directa que se expanda más allá de la minería, la pesca y la agricultura tradicionales.

Aquí reside la clave: Chile no necesita elegir entre "commodities o innovación". Necesita hacer ambas cosas simultáneamente (tal como operan las organizaciones ambidiestras).

El cobre a US$4,49 la libra genera entre US$50 y US$60 millones adicionales al Fisco por cada centavo de aumento, pero esos recursos no deberían destinarse únicamente a gasto permanente, sino a invertir en la diversificación de ingresos sin abandonar nuestras ventajas comparativas. ¿Ejemplos concretos? Exportar servicios de ingeniería minera al mundo, desarrollar AgTech desde nuestro exitoso sector agrícola o convertir la industria salmonera en un hub tecnológico. Eso es agregar valor desde lo que ya funciona y en lo que somos destacados, no intentar inventar sectores desde cero.

El problema de Chile no es su matriz productiva básica, sino su velocidad de ejecución y aprendizaje. La inversión proyectada es de 4,9% para 2026, pero cuánto de eso se traduzca en productividad y empleo dependerá de si logramos desbloquear permisos, simplificar regulaciones y conectar efectivamente a las startups con el mundo corporativo. Las empresas no necesitan la "innovación abierta" como una moda ni el circuito de los "pilotos eternos"; requieren proyectos de impacto que mejoren procesos o aumenten ventas junto a aliados estratégicos.

Volver al 4% anual es posible si nos enfocamos en tres pilares:

  1. Mantener la disciplina fiscal (contención del gasto público).

  2. Destrabar la inversión privada mediante reformas regulatorias concretas.

  3. Conectar el ecosistema emprendedor con el sector público, los corporativos y canales de venta ágiles.

El viento está a favor por primera vez en diez años: la tasa de productividad del país subió marginalmente en relación al ciclo 2011-2012. La tarea interna es dejar de poner trabas y ejecutar con excelencia. El 2026 puede ser el año en que Chile retome el camino del crecimiento sostenible o, simplemente, otro año de oportunidades desperdiciadas. La elección es nuestra.

Escrito por

Angel Morales

Ingeniero Comercial y Magíster en Innovación UC con experiencia en innovación social en Servicio País, Fundación América Solidaria y TECHO; experiencia en la Incubadora de Negocios INACAP y Transforme Consultores; trayectoria como Docente en U. Santo Tomás y U. Mayor, y Tutor MBA UDD. Actualmente Director Ejecutivo en UDD Ventures.

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